UNA VIDA EN SILLA DE RUEDAS LLENA DE SUEÑOS Y SUPERACIÓN.

Texto elaborado por Pablo Lemos Gil, socio de A Illa dos Ratos.

Ubaldo fue un hombre que nació y vivió en Vilanova, una pequeña aldea de la parroquia del Hío (Cangas). Su padre trabajaba en la pesca de altura, mientras que su madre se encargaba del hogar y del campo, donde Ubaldo ayudaba desde pequeño con el ganado y con las tareas agrícolas.

Su hermano más mayor, Redosindo, montó la primera escuela de la aldea, donde Ubaldo aprendió a leer y escribir, y posteriormente tuvo una tienda-taberna. Cuando Redosindo murió por las “ cólforas” (una infección), Ubaldo pasó a encargarse de su negocio.

Ubaldo Lemos Vaqueiro sufrió un accidente siendo muy joven y quedó postrado en una silla de ruedas

Desgraciadamente a los catorce años Ubaldo sufre un accidente cuando estaba cuidando del rebaño de ovejas. Saltó de una roca a otra y la caída le provocó una lesión medular que lo incapacitó para el resto de su vida. Posteriormente, mandaría traer la piedra de la que se había caído y ordenó colocarla en el atrio de la capilla de Vilanova.

Sobre ella esculpió el inicio de un poema referente a su accidente, que muestra la generosidad que siempre lo caracterizó: “ Cautivo fui de ti/ Sin rencor, sin odio”. Además, esculpió otra piedra que decidió colocar delante de su tienda y decía: “Que me miras?/ Son una piedra./ Vivo y no como./ Ni tengo pena”.

A lo largo de su vida, Ubaldo Lemos Vaqueiro tuvo tres sillas de ruedas para moverse por fuera y una para dentro de la casa.

Al principio tuvo una artesanal, semejante la una bicicleta, que aún hoy se conserva. A pesar de la dificultad para moverse por los deficientes caminos de entonces, se movía por las diferentes parroquias de Cangas con bastante destreza.

Posteriormente, consiguió comprar una nueva silla de ruedas, en este caso motorizada, que consistía en una motocicleta de tres ruedas adaptada a él. Ubaldo siempre fue una persona con mucho ánimo y valor y, en consecuencia, llegó a estar en lugares tan alejados cómo Marín, la Fiesta del Marisco de O Grove o mismo la ciudad de Pontevedra. Cuando el destino estaba muy lejos o las carreteras no eran muy buenas, montaba con su vehículo en un furgón que lo transportaba hasta el lugar.

Su taberna era el centro de la vida social de Vilanova

Allí no solo se iba a comprar o tomar algo, sino que también surgían iniciativas y se ponían de manifiesto las reivindicaciones de los vecinos. Ubaldo fue un personaje con muchas amistades e influencias, y gracias a esto pudo traer el teléfono y el alumbrado público a Vilanova, incluso consiguió el asfaltado de algunos caminos.

Una de sus reivindicaciones que realizó tan sólo dos años antes de fallecer fue la construcción de un parque infantil para lo disfrute de los rapaces de la aldea. Desafortunadamente, murió sin conseguirlo y aun hoy Vilanova no cuenta con el deseado parque.

Tras su accidente, una de las actividades que realizó fue la elaboración de bandejas, cestos o bolsos de mimbres o de paja de centeno del país, que luego agasajaba a sus clientes y a los amigos, lo cual era otra prueba de su generosidad.

A pesar de estar prohibidas por el régimen franquista, las celebraciones como el Carnaval tenían lugar en la taberna. Ubaldo era el principal promotor y corría con los gastos de la fiesta (gaiteros, fotógrafos, etc.). A cambio, los vecinos pagaban cuando regresaban de la pesca.

UBALDO LEMOS VAQUEIRO
Ubaldo con el grupo de gaiteros «Los morenos» de Lavadores (Vigo)

También organizaba viajes para la gente nueva de Vilanova, convirtiéndose así en el primero animador sociocultural de Cangas. Otra de sus iniciativas fue la creación de la capilla de Vilanova, muy demandada por sus vecinos.

Fue durante mucho tiempo el administrador de la capilla y, con el dinero recaudado en los actos religiosos, se le pagaba al cura y los gastos del edificio, así como también las fiestas de San Lourenzo.

Ubaldo era amante de los cruceros (cruces de piedra religiosas muy características de Galicia). En Vilanova existen tres, y todos ellos fueron mandados construir por él.

Ubaldo Lemos Vaqueiro también tuvo tiempo a componer poemas

Cuanto a su obra poética, hay que decir que no se conservan muchos poemas porque él los escribía para luego regalárselos a sus amigos, clientes o personalidades, tanto a nivel local como nacional.

Los que aún se conservan son un total de 17 poemas de temática diversa, sobre todo, el elogio a Vilanova y Galicia. Las virtudes de la tierra y del paisaje, la exaltación y la defensa de los pájaros o la denuncia de determinadas cuestiones completan su poemario.

En definitiva, Ubaldo fue una persona muy activa y trabajadora, con iniciativa y, sobre todo, generosidad.

Redacción A Illa dos Ratos
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