EL NAUFRAGIO DEL VALPARAÍSO

Texto elaborado por Nuria Otero Desojo. Guía oficial de Galicia.

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Cuando el vapor Valparaíso encalló en las rocas de punta A Borneira, no era la primera ni sería la última vez que sucedían este tipo de incidentes en esta traicionera peña, que se intuye en las mareas muy bajas y que forma parte de un roquedo que penetra en el mar, de gran peligro para la navegación.

El Valparaíso, un moderno buque de su época

El naufragio que ahora nos ocupa, el siniestro del Valparaíso, ocurrió hace más de 125 años, antes de la construcción del actual faro. Se trataba de un paquebote, vapor mixto de pasaje y carga inglés, uno de los mejores transatlánticos de su época, botado en 1873, con un registro bruto de más de 5 000 toneladas y una máquina que desarrollaba 700 caballos.

El vapor era también uno de los mejores buques de la Pacific Steam Navigation, la primera naviera en utilizar la navegación a vapor, quien en 1852 ganó el contrato para el correo del gobierno británico en el área y, en 1868 abrió una ruta desde Liverpool hasta El Callao con escala en Vigo.

Eran las 22:30 h. de un 28 de febrero de 1887, las detonaciones de tres cañonazos hacia las islas Cíes, algunos cohetes y luces de bengala eran indicios de un siniestro marítimo. Hubo movilización general de auxilio, en buena parte de la escuadra inglesa situada en el puerto que, valiéndose del telégrafo de luces, consiguió que no se produjeran víctimas entre los 118 pasajeros y los 96 tripulantes. La noticia, además de dar la vuelta al mundo a través de periódicos y revistas internaciones, corrió por los puertos de la ría.

El transatlántico estaba encallado en las rocas y tenía importantes vías de agua, enseguida partieron pesqueros de Vigo y Cangas, que fueron rescatando a las personas atrapadas a bordo. De madrugada, se sumó al dispositivo de emergencia la fragata Iron Duke, que pertenecía a la escuadra inglesa que se hallaba refugiada en Vigo esos días.

NAUFRAGIO EN A BORNEIRA: VALPARAISO
Fragata Iron Duke que ayudó en el rescate del Valparaíso.

El Valparaíso había partido de Liverpool con destino a Buenos Aires

Según las declaraciones de un pasajero de primera clase, al parecer, el vapor Valparaíso, partió de Liverpool el día 24 de febrero, con destino a Valparaíso y con escala en Burdeos, A Coruña, Vigo, Lisboa, Pernambuco, Bahía, Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

La travesía empezó con una fuerte tempestad, llegaron a Burdeos el sábado 26 de febrero, donde embarcaron un buen número de pasajeros y cargamento, para seguir su viaje a A Coruña. Atracaron en dicho puerto el lunes, donde recogieron unos 40 emigrantes y partieron al mediodía para llegar a Vigo esa misma noche, donde le esperaban algunos pasajeros y un resto de carga.

Sobre las nueve y media de la noche vislumbraron la luz del faro de las islas Cíes y, siguiendo las disposiciones del práctico de Vigo, quien se encargaba de llevar el buque en esos momentos, entraron en la ría por el norte, pasaron las islas Cíes, se arrimaron más y más a tierra firme, tanto, que muchos de los pasajeros empezaban a temer alguna desgracia.

Y, así fue, a los 10 minutos sintieron un fuerte choque, seguido de otro más violento, provocando la caída de muchos de los pasajeros y marineros que estaban contemplando la pintoresca estampa de entrada a la ría de Vigo. De repente, el capitán dictó órdenes para hacer recular el vapor, pero fue en vano.

Los pasajeros de cubierta entraron en pánico, amenazaban a los tripulantes con gritos desoladores que querían los botes, nada que ver con la actitud de la tripulación y el resto de pasajeros que colaboraban con serenidad. La bajada de los botes resultó especialmente difícil debido a la escora del bote sobre su costado, instante en el que se acercaron unas diez lanchas pescadoras, se atracaron al vapor, a pesar del peligro que ofrecía su continuado vaivén, y comenzaron a recibir a los pasajeros, embarcando primero a las mujeres y a continuación a todos los hombres pertenecientes al pasaje. Llegaron a tierra a medianoche elogiando la amabilidad y buena voluntad de los tripulantes de estas lanchas.

El práctico del puerto de Vigo, responsable del siniestro del Valparaíso

El incidente fue especialmente sentido. El práctico del puerto de Vigo venía dirigiendo los vapores desde A Coruña a la ciudad olívica desde hacía años, y por lo visto, el incidente no había sido originado por un golpe de mar, como se había pensado en un primer momento, sino debido a un error propio, al confundir el faro de las islas Cíes con una fragata británica, navegando hacia tierra en vez de navegar aforado de ella, provocando el fatal siniestro, y así lo declaró él mismo en la Comandancia de Marina de Vigo.

Los comandantes de los buques de guerra ingleses enviaron, tan rápido como les fue posible, lanchas de vapor y botes de todas clases para prestar auxilio, conducir gabarras, recoger a los tripulantes y oficiales del Valparaíso para hospedarlos a bordo de sus buques. Salvaron parte de la vajilla y algunas ropas y víveres, incluso consiguieron salvar la correspondencia. De los equipajes de los pasajeros no se salvó nada puesto que el buque quebró por la mitad y la popa estaba ya debajo del agua.

La fragata de guerra inglesa Iron Duke, que estaba de guardia, acudió al lugar del siniestro a la una de la madrugada, haciendo uso de una fuerte luz eléctrica, situándose a un cabo de distancia del buque siniestrado.

Hubo intención de intentar reflotar el Valparaíso

Incluso se habló de la posibilidad de reflotar el transatlántico, pero fue imposible abordarlo, y entonces se perdió toda la esperanza.

El ayudante de marina, Sr. Rubido, fue uno de los primeros en acudir al costado del Valparaíso, acompañados de algunos cabos de mar. La situación del buque era deplorable, escorado a estribor y quebrantado por la sección de la casa de popa y del palo trinquete con todos los compartimentos inundados. La goleta de guerra Prosperidad salió a las nueve y media de la mañana con motivo de vigilar las operaciones de salvamento.

La casa consignataria, desde que tuvo noticias del siniestro no cesó un instante de apelar a todos los recursos para el salvamento del pasaje, carga y buque. Cuando llegaron al Valparaíso ya no había nadie a bordo: el comandante, los oficiales y la tripulación del buque se encontraban al costado, custodiándolo. La tripulación y el pasaje fueron alojados en la ciudad por cuenta de la compañía del Valparaíso.

Además del pasaje, el Valparaíso llevaba a bordo dinero, azogue y mercancías en general como raíles de hierro, hierros de estaño, barriles de vino y cerveza, algodón, herramientas, conservas, cristalería y porcelana, además de cajas de joyas, de juguetes y diversos baúles con los aperos de los pasajeros. El valor de la mercancía se estimó en unos 16 millones de reales de la época y la pérdida del buque y la carga ascendieron a unos cuatro millones de pesetas.

Desde el día siguiente al naufragio, submarinistas intentaron rescatar el cargamento, y tuvieron éxito con las vajillas que se conservaban en las cocinas, además de ropas y víveres. Muchas fueron las personas que, aprovechando las facilidades de la comunicación que se estableció entre el puerto y el buque náufrago, pasaron al costado para examinarlo y comentan que el aspecto que presentaba era triste en extremo.

Sus restos son uno de los pecios estrella de la ría de Vigo

El pecio del Valparaíso está hoy perfectamente localizado, gracias a los trabajos realizados en 2009 por los arqueólogos submarinos de la empresa Argos, la encargada por la Xunta del estudio de los restos de los naufragios. En la zona se encontraron, además de los restos del Valparaíso a 15 metros de profundidad, fragmentos cerámicos con una bandera dividida en cuatro partes encima de un ancla y, a una distancia de unos cinco metros, el pecio del Southern Cross, conocido como la montaña de cal, por lo que se confirma que no estaban superpuestos.

En este temido bajo de la ría, escenario de hundimientos romanos y muchos naufragios a lo largo de la historia, existen 3 pecios perfectamente localizados y catalogados, el Hermine, el Southern Cross y el propio Valparaíso, que configuran un valioso patrimonio histórico que, por su fácil acceso para submarinistas, bien pudiera haberse creado una ruta arqueológica subacuática, merecedora de museo.

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