EL NAUFRAGIO DEL SIBONEY EN A BORNEIRA

Texto elaborado por Nuria Otero Desojo, Guía oficial de Galicia.

EL BRIBÓN DE LA HABANA. Paseo Marítimo, 13 en Cangas.

Dentro de la serie de artículos que venimos dedicando a los “Naufragios en A Borneira”, tras los casos del Southern Cross y el Valparaíso, hoy vamos a relatar en esta tercera entrega el naufragio del Siboney.

Subimos a bordo del transatlántico rumbo al año 2046, nos invade un olor a café, de fondo suena, en la voz de Connie Francis, la canción de Siboney.

NAUFRAGIOS EN A BORNEIRA: EL SIBONEY

Como en el film de Wong Kaswai, navegamos hacia el futuro para visitar en el pasado algún recuerdo perdido, en concreto atracamos en el otoño de hace exactamente 100 años, recién desaparecida la “gripe española”, la pandemia más grave de la historia que, como en nuestro presente, obligó al uso de los tapabocas durante dos años.

La historia del naufragio del Siboney, un hecho mediático en 1920

En este viaje en el tiempo, podemos rescatar de la memoria un hecho inusitado, cuando el barco mercante Siboney encalló “en una de las bahías más hermosas y seguras del mundo”, “en el corazón del lago suizo de la ría de Vigo”, así registrado en el nº 46 de “Vida Gallega”, afirmando que “solo un suicida podría haber empujado el barco contra las rocas”.

Este naufragio tuvo gran repercusión social por lo inexplicable del incidente, así reflejado en periódicos incluso del extranjero, que hasta llegaron a hablar del peligro de la ría de Vigo y su señalización nefasta, lo que provocó una corriente muy vívida de defensores (“Faro de Vigo”) y detractores (“Orzán”).

El Siboney hacía escala en Vigo camino de Cuba y México

La historia del naufragio del Siboney comienza cuando el barco llega a la ría de Vigo, procedente de Santander, con la intención de embarcar, además de carga, más de un millar de nuevos pasajeros que habían puesto en Cuba, principalmente, y México, el destino de sus ilusiones.

Esas gentes seguían la estela de muchos otros compatriotas que intentaban alcanzar en aquellas tierras la oportunidad que se les había negado aquí, en Galicia, de mejorar su miserable situación económica.

Seguían a esos mismos que consiguieron estrenar el himno gallego en el “Gran Teatro Nacional de Tacón de la Habana” haciéndolo sonar por vez primera en 1907, afortunadamente nada hacía imaginar lo que había supuesto la trata de esclavos que muchos gallegos sufrieron casi un siglo atrás con Urbano Feijóo y Sotomayor.

 “Con el tiempo claro y el mar como una balsa de petróleo”, según las crónicas, aquella fatídica mañana de verano, del jueves 9 de septiembre de 1920, el transatlántico Siboney, con bandera de EEUU, perteneciente a la compañía Ward-Line, intentó pasar, en una maniobra del todo inexplicable, a través del estrecho canal entre el faro de la Punta Borneira y la costa.

NAUFRAGIOS EN A BORNEIRA: EL SIBONEY
Mapa en el que se recoge la trayectoria del Siboney.

Llegó a la ría de Vigo tripulado por 186 marineros bajo el mando del capitán americano H. M. Huff y con 350 pasajeros que habían embarcado en Santander. Llevaba además carga diversa, como conservas, agua mineral, mantequilla, jabones de tocador …

A Borneira, clave en el naufragio del Siboney

Una vez que entró en la ría, a través del paso norte de las Cíes, enfiló hacia la torre baliza de A Borneira, que marca la presencia del roquedo y un nivel de profundidad máxima de 10 metros, intentó bordearlo de manera completamente errónea, por el interior (en vez de hacerlo por el exterior, como mandan las cartas de navegación) quedando irremisiblemente embarrancado al encallar entre unas grandes rocas, que la pleamar impedía contemplar y, en cuestión de segundos, la quilla del barco americano quedó varada.

Esta torre de balizamiento, pintada en su zona superior de color rojo, obligaba a ser bordeada siempre por la derecha, según la legislación náutica internacional, jamás por la izquierda.

En el naufragio del Siboney, se buscó explicar lo inexplicable con curiosas teorías

Sea lo que fuere, al estar claramente señalizado y no darse imprevistos, pronto surgirían diversas propuestas para explicar el varamiento, pues el Siboney ya había entrado otras veces en el puerto de Vigo, por lo que conocía el recorrido.

Unos hablaban de un golpe de mar, otros hablaban de que el capitán confundió la barca de un submarinista, que estaba trabajando cerca de Punta Borneira con la del práctico del puerto y, se dirigió hacia ella.

Incluso decían que el capitán Huff confundió la baliza de Punta Borneira con la de Alcabre, bastante difícil por la gran distancia y, porque, además, la ruta errónea del Siboney venía de atrás, ya que había pasado también por la izquierda de la baliza de Punta dos Castros.

No faltaron versos sobre el naufragio del Siboney, cantados en los grupos en tabernas y fiestas, recogidos de manera oral en la zona del barrio vigués de San Lourenzo.

En ellos se puede deducir, según la interpretación popular, que el accidente del Siboney no se podría achacar a ningún tipo de hecho erróneo por parte del práctico del puerto, ni a una mala señalización de los bajos de Punta Borneira, sino a un accidente; o, como se llegó a sostener en diversos periódicos, buscado de manera intencionada.

Se recuperaron unos sencillos versos con ripios que lo expresaban así:

“Entre censuras y comentarios

en Okiley.

Sin ver las causas

porque ha quedado

embarrancado el Siboney.

Hay quien asegura que fue fatal,

hay quien murmura que intencional

pero nosotros sabemos cierto

que culpa el puerto

no tuvo tal.

Hay siniestros sones

lindos guasones

que en sus anales

culpan al “whiskei”

Quizás, como dicen esos versos, el verdadero causante del incidente sería el estado del capitán del barco, afectado por el alcohol, muestra del ambiente anti-yanki bastante desarrollado aún, de cuando el puerto de Vigo había recibido en estado lamentable a los repatriados de la guerra de Cuba 20 años atrás.

El naufragio del Siboney, llegó a convertirse en mito y a generar tanta expectación que se organizaban excursiones para verlo encallado en A Borneira

Una vez conocido el accidente, muchos barcos pesqueros que se encontraban en las inmediaciones fueron los primeros en participar en el trabajo de rescate de los pasajeros y de la tripulación, entre ellas estaba la histórica cisterna Roberto.

No hubo víctimas mortales, pero sí serios temores por la integridad del buque. El encallamiento fue de tal envergadura, que se precisaron varias semanas de ímprobos esfuerzos, en las que las bombas de achique no paraban de trabajar desalojando el agua que llenaba parte de sus bodegas.

Durante este tiempo, el buque inmovilizado se convertía en un importante foco de atracción turística al recibir la visita de multitud de curiosos que, tanto por tierra como por mar, iban a ver el transatlántico americano, incluso en excursiones organizadas, pues mucha gente pensaba que el Siboney formaría ya, en adelante, parte del cementerio de barcos que tenemos en esta roca de A Borneira.

NAUFRAGIOS EN A BORNEIRA: EL SIBONEY
El Siboney encallado al lado de la baliza de A Borneira. Foto de Jaime Pacheco (1946)

Habían decidido esperar tres días de mareas vivas para intentar desvarar el Siboney contando para la maniobra con el empuje de varios remolcadores de gran porte como el danés Walkyrian y el MmZ, cuyos esfuerzos resultarían estériles de no haber estallado previamente de una manera controlada, algunas de las rocas del fondo donde descansaba el barco.

Además, tuvieron que soltar a la ría gran parte del petróleo que servía como combustible y llenar de agua los tanques de popa para conseguir elevar algo la proa hincada en el roquedo. Gracias a todo esto, junto con la buena marea y la ayuda del viento del suroeste, fue lo que permitió finalmente desvarar el Siboney.

Todas estas operaciones fueron vistas en directo por unos espectadores de excepción, los emigrantes que desde el viejo muelle de piedra del puerto de Vigo esperaban para ser embarcados. Una tensa espera, después de vivir muchos días de la caridad a causa de la falta de recursos, como señala la prensa de la época.

En vista de lo mucho que se demoraba la reflotación del barco, el día 17 llegó a Vigo el Henry R. Mallory fletado expresamente por la misma Ward-Line para sustituír al Siboney que, por desgracia, venía casi lleno con los emigrantes que habían embarcado en Santander y A Coruña, por lo que solo pudo recoger a 120 personas y, una semana después, el resto embarcaría en el Orizaba.

En el momento de sacar el barco de los bajos de A Borneira no se apreciaron aparentemente grandes daños por lo que fue llevado al interior de la ría hasta la base naval de Ríos, en Teis, para hacer una primera evaluación, recorrido que fue seguido por gran cantidad de curiosos que madrugaron para ver por fin libre al Siboney.

Tras la primera inspección, justo un mes después del siniestro, se dispuso que el barco se dirigiese hacia el puerto de Ferrol para ser reparado, cuyos técnicos evaluaron en por lo menos seis meses el tiempo de reparación con un coste de seis millones de pesetas. La Ward-Line rechazó el presupuesto y, días después, un remolcador británico sería el encargado de escoltar al Siboney hacia un astillero del puerto de Newcastle, donde se le estimó sobre seis meses en dique seco y un coste de cuatro millones de pesetas.

El Siboney había sido botado como Oriente en 1917 y tuvo una larga y curiosa singladura

El Siboney fue construido en los astilleros estadounidenses, con una longitud de 123 metros, y lanzado en 1917 como Oriente, rebautizado en 1918 como Siboney, desplazando 7.600 toneladas brutas, realizó un total de 17 travesías del Atlántico.

Requisado por la Marina de los Estados Unidos para el transporte de tropas durante el último año de la Primera Guerra Mundial, fue acondicionado después, como barco comercial y puesto en servicio como transatlántico entre 1919 y 1920, cuando la Ward-Line decidió participar en el contrabando de emigrantes en los puertos de Santander, Bilbao, A Coruña y Vigo debido a la demanda de billetes para viajar de España a Cuba y, en menor medida, a México.

A finales de 1921 y, hasta 1940, debido a la caída de la venta de billetes, la compañía decidió abandonar la línea y, fue entonces, cuando comenzó a hacer la ruta Nueva York-Cuba-México-Nueva York, una línea de gran popularidad, al ser utilizada por miles de estadounidenses, que escaparon de la “ley seca”, para disfrutar del alcohol y de las playas del Caribe.

En 1940 fue fletado para American Export Lines y comprado por el ejército de los Estados Unidos por 750.000 dólares en 1941.

En la Segunda Guerra Mundial se emplearía como buque hospital y, de nuevo, como transporte de tropas para la repatriación de soldados (como USAT Siboney y USABS Charles A. Stafford) y, al finalizar la guerra, fue deshecho en 1957, después de estar amarrado en reserva durante nueve años.

NAUFRAGIOS EN A BORNEIRA: EL SIBONEY
El trasatlántico Siboney en Santander.

A Borneira seguiría siendo lugar de muchos encallamientos y naufragios

Este no sería el último naufragio en la fatídica punta de A Borneira, que acumula historias dignas de un museo y extraordinarias rutas para submarinistas.

Incluso pocas horas después de reflotar el buque Siboney, dos vapores de pesca chocaron en este fatídico roquedo de A Borneira, uno de ellos se hundió y el otro, aunque con daños importantes, consiguió llegar a puerto; como tampoco sería el único buque de esta compañía que embarrancaría en la costa gallega, curiosamente, otro buque de la Ward-Line, el Black Arrow encallaría en las inmediaciones de Cabo Vilán, un año después, a causa de una espesa niebla.

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