28 DE AGOSTO DE 1936: LOS 11 MÁRTIRES DE ANGUIEIRO Y LA REPRESIÓN FASCISTA EN CANGAS DO MORRAZO

Texto elaborado por Aitor González Bamio, estudiante de Historia de la Facultad de Geografía e Historia de la USC. Fotografías cedidas para este artículo por la Asociación 28 de agosto de Cangas.

A modo de introducción y para reconstruir lo sucedido en nuestra villa en agosto del 36, echaremos mano de tres apoyos diferentes, ya que conviene no quedarse nunca con una versión única de la Historia. 

De esta manera, el relato que vas a leer a continuación es el resultado de contrastar información que proviene  tanto de documentos facilitados por la Asociación de Memoria Histórica de Cangas (cuyo nombre, 28 de agosto, hace precisamente referencia a nuestra fecha fatídica), como de los libros Cangas na Historia (obra del profesor e historiador gallego Xerardo Dasairas Valsa) y Lola, filla de Cangas.

En este último título, la autora, Asun Bernárdez Rodal, hace un esfuerzo por tejer una línea argumental a lo largo de 30 historietas a partir de los testimonios que dejó Lola Blanco Rodal antes de morir. Lola fue una vecina de nuestro pueblo en tiempos de la República, de la sublevación y de la represión.

A nivel nacional, el contexto histórico estuvo marcado por el fin de la dictadura de Primo de Rivera, el exilio del rey Alfonso XIII y por la alternancia entre la izquierda y la derecha en el gobierno una vez establecida la II República

Para bien o para mal, los sucesos históricos en la Galicia del siglo XX están sujetos y estrictamente ligados a la situación de la España de su tiempo y por eso vamos a dar unas pinceladas sobre la historia más reciente de nuestro país antes de centrarnos en lo que supuso para nuestra villa. 

Unos años antes de lo que ocurrió en el Anguieiro, allá por 1930, la dictadura Primo de Rivera se había quedado sin apoyos y había llegado a su final tras siete años en el poder. La continuidad de la dinastía borbónica se encontraba puesta en tela de juicio, ya que Alfonso XIII (el rey de España por aquel entonces) le había dado el visto bueno al régimen dictatorial. Un año después, en 1931, con la figura del monarca puesta en entredicho, se abrieron las urnas para unas elecciones municipales.

Con este panorama, en la mañana del 14 de abril de 1931, se proclamaba la II República española. Se suele decir que España se acostó monárquica y se despertó republicana. El republicanismo había triunfado en las principales ciudades españolas como Madrid y Barcelona, donde el caciquismo o la influencia que ejercían el clero y los nobles sobre los civiles no tenía tanto peso. Mientras la euforia era la protagonista en los principales núcleos de población, Alfonso XIII partía hacia el exilio. 

Por segunda vez en la Historia, España estaba encabezada por un gobierno democrático, puramente elegido por el pueblo. 

Dentro de la trayectoria de la II República española diferenciamos tres etapas principales

La primera etapa de todas es conocida como Bienio Azañista o progresista. Las izquierdas ocupaban el poder, presididas por Manuel Azaña. Con este panorama, en 1931, se elaboró una constitución republicana orientada a una serie de proyectos de reforma que pretendían modernizar a España. Entre ellos, se procuraba instaurar el laicismo (separando la Iglesia del Estado), así como una reforma educativa que pusiese fin al analfabetismo en España, leyes para mitigar la miserable situación de las clases populares (que muchas veces vivían en la miseria o laboralmente explotadas), etc. 

Esta constitución republicana trajo consigo, además, libertades sin precedentes como el voto femenino. 

La segunda etapa de la República llega en 1933. Se abren las urnas de nuevo y las derechas consiguen el poder mediante elecciones. Durante los dos años siguientes, que son conocidos como Bienio Negro (1933-35), trataron de revertir todos los cambios que las izquierdas habían llevado a cabo.

Finalmente, la tercera etapa se inaugura en 1936. Los partidos de izquierdas se agrupan en una coalición denominada Frente Popular, que vencerá en las elecciones. El descontento de la extrema derecha propiciará el golpe de estado que, fracasado, dará pie a la despiadada Guerra Civil. Lo demás es historia. 

El contexto cangués, un caso singular por tratarse de un pueblo marinero con una gran actividad sindical 

A diferencia de la mayor parte de núcleos de población gallegos del momento, Cangas no era una villa de labradores. Cangas era una villa marinera donde primaban la pesca y las actividades artesanales en relación con el mar. Este fenómeno propició que, incluso antes de los tiempos de la II República, la actividad sindical y de reivindicación laboral entre cangueses y canguesas estuviera al orden del día. 

Las mujeres solían trabajar en las fábricas (con unos salarios miserables, incomparables con los de un hombre), mientras que los hombres solían ser marineros. Cangas ya había protagonizado con anterioridad episodios convulsos que anticipaban el conflicto fratricida que asolaría España entera. Es el caso de la revolución de 1934 (año que coincide, y no casualmente, con la llegada de las derechas al mando de la República). La organización sindical más significativa de nuestra villa era la Alianza Marinera que, como todas, sería inmediatamente clausurada con el triunfo de la sublevación militar. 

Durante los tiempos de la II República, Cangas era un hervidero de ideas. Por sus calles confluía gente relativa a las más diversas corrientes intelectuales. Aunque existían monárquicos e individuos de la derecha política, lo más común era encontrarse con personas de izquierdas (socialistas, anarquistas, comunistas…), que veían en la República la esperanza de una vida digna para las clases populares. 

Los falangistas eran gente que estaba a favor del levantamiento militar. Los miembros de este colectivo eran comúnmente conocidos como “los camisas azules”, ya que esta era su prenda identificativa. Actuaron como agentes del terror y de la represión tan pronto como las tropas de Franco se levantaron en África, haciendo uso de las armas y la violencia para arremeter contra la izquierda política.

Estos hombres eran los que se encargaban de llevar a cabo en nuestro pueblo los arrestos de las distintas personalidades cuyas ideas o años de actividad previa atentaran contra las bases de la ultraderecha o el catolicismo. Las detenciones eran posibles muchas veces gracias a la delación de los vecinos o a la información suministrada por los documentos de las organizaciones sindicales que ellos mismos habían clausurado. 

Pero más curioso todavía es como, en otras ocasiones, los falangistas asesinaban movidos por el resentimiento personal contra sus propios vecinos (personas con las que se llevaban mal, contra personas implicadas en un desamor suyo…).

Tras el alzamiento militar, las detenciones solían hacerse de madrugada y el pueblo cangués vivía en un eterno terror, especialmente cuando caía la noche

Siempre era un misterio enterarse cada mañana de qué vecino había desaparecido en el transcurso de la noche anterior. Los presos, con suerte, eran normalmente conducidos a la prisión de Pontevedra. Allí, se les sometía a juicios de dudoso criterio. Entre las sentencias más comunes encontramos la pena de muerte, la cadena perpetua o el ser enviado al campo de concentración de San Simón. 

Los arrestados menos afortunados simplemente eran sacados de sus casas por la fuerza para padecer bajo los fusiles de la Falange en las calles de la villa que los vio nacer y crecer. Era muy común encontrarse con cadáveres en los cruceros de Cangas cada mañana. Otros eran asesinados en el camino hacia su juicio en Pontevedra. En este último caso, se usaba como pretexto para justificar la ejecución  una interpretación abusiva de la “ley de fugas”, que sostenía que era lícito disparar contra aquellos presos que tratasen de escapar. 

El caso de los mártires de Anguieiro sirve para ilustrar la barbarie cometida por los falangistas en Cangas

Llegada la madrugada del 26 de agosto de 1936, unos cuantos miembros de la Falange detuvieron en Cangas a varios sindicalistas y militantes de la izquierda (considerados peligrosos por sus capturadores).

Los golpistas temían que las izquierdas se llegasen a agrupar y organizar para luchar contra la sublevación. De hecho, como sabemos, esto fue lo que sucedió en las principales ciudades de España como Madrid o Barcelona, que resistieron hasta caer en el final de la Guerra Civil, en el año 39. 

En estas localizaciones, los republicanos mantuvieron el mando, pero Galicia quedó completamente sometida a la dominación de los sublevados apenas un par de días después del levantamiento militar. Es por eso que se dice que aquí no hubo guerra, tan solo represión.

Los diversos arrestados fueron recluidos en la chabola de un encascador por dos días hasta que, de entre todos ellos, los falangistas decidieron seleccionar once caras. Todos los presos eran gente inocente cuya sentencia estaba a la espera de ser dictaminada por unos hombres que habían alcanzado el poder mediante las armas y la violencia (acabando con la tan esperada democracia que, en 1931, por fin había llegado a España).

Ninguno de ellos había cometido delito de sangre ni robo. Ellos tan solo habían luchado por unas mejores condiciones laborales para sí mismos y para sus familias. Estamos hablando de una Cangas donde apenas había oportunidades para estudiar porque era necesario empezar a trabajar a edades tan tempranas como los 12 años, donde las mujeres no ganaban ni la mitad que los hombres, donde los seguros laborales y la jornada de ocho horas (a diferencia de otros pueblos vecinos como Moaña) no existían. Una Cangas proletaria, oprimida, donde si el mar no daba sus frutos, todo cuanto los cangueses podían esperar era el hambre y una miseria aún mayor. Se trataba de una España donde el pobre apenas tenía más oportunidades que la de crecer y morir siendo pobre. 

Los once elegidos fueron introducidos en el camión del dueño de la fábrica de gaseosas, que los transportó por la costa de Ximeu, en la carretera que lleva a Pontevedra

Quizás en ese momento, ese equipo fatídicamente seleccionado todavía tendría su esperanza puesta en ser llevados hasta Pontevedra, donde ser juzgados. Ellos no sabían que estaban a punto de convertirse en unos mártires de la República como tantos otros. Ignoraban que algún día serían recordados como héroes que lucharon por la democracia y la libertad. Para aproximarnos de una forma un poco más humana y familiar a quienes fueron estos represaliados, se facilita a continuación una tabla con sus datos personales:

OS MÁRTIRES DO ANGUIEIRO

Eran las cuatro de la mañana y la furgoneta se detuvo en el Anguieiro. El piquete fascista -formado por un guardia civil y cuatro falangistas- los obligó a abandonar el vehículo y, allí mismo, arremetió contra los once condenados.

El acto destacó por la atrocidad, la violencia y la alevosía con la que fue cometido. Al borde de la carretera, el piquete fascista apagó lentamente la vitalidad de los once de Anquieiro. Este episodio barbárico no se trató de un fusilamiento. Los mataron a golpes, reventándolos a culatazos salvajes, sin tan siquiera tener la decencia de asestarles un tiro limpio que les produjese una muerte rápida. Los once de Anguieiro eran gente joven y curtida por sus oficios (que muchas veces requerían gran destreza física). Por lo tanto, fueron evidentemente golpeados hasta la muerte con las manos atadas, indefensos, para que así no tuviesen de manera alguna la oportunidad de defenderse. 

Cuando los verdugos regresaron al corazón de Cangas, pusieron rumbo a la fábrica de Cervera e hicieron un recuento de cadáveres para proceder a deshacerse de ellos cuando se dieron cuenta de que faltaba uno

Dispusieron a todos los ejecutados que se habían traído sobre la mesa donde se trabajaba el pescado para atarlos con unas parrillas de hierro, subirlos a una lancha motora y hundirlos en la Ría de Vigo como si nada hubiera pasado. De repente, cayeron en la cuenta de que allí solo había diez cuerpos inertes. Faltaba uno ! 

Tras cuatro viajes por mar, las profundidades de la ría ya guardaban el secreto de los crímenes del fascismo en Cangas. Estanislao (Lao) Ferreiro es el nombre de aquel de los once que casi vive para dar parte de lo que la niebla de terror que cubría Cangas era capaz de hacer. Cantero de 18 años, en la masacre había perdido el conocimiento por un culatazo que le habían asestado en la cabeza. Despertó mientras la furgoneta regresaba a Cangas, ensangrentado y entre cadáveres (probablemente todavía calientes). Su hermano se encontraba entre los ejecutados.

Lao saltó del transporte en movimiento de sus agresores y trató de huir herido, debilitado, hambriento, destrozado, temeroso por saber que no existía escapatoria alguna, que sería encontrado y atrapado de vuelta antes o después. El joven consiguió llegar hasta Aldán, donde alcanzó la casa de un familiar que le negó su ayuda. Cuando alguien escondía a un prófugo en su casa o lo encubría era considerado un traidor por el régimen y, generalmente, castigado ejemplarmente con la pena de muerte. Con una patrulla de siete hombres por tierra con perros rastreadores por tierra y siete hombres por mar a bordo de una lancha a motor, los agentes de la represión no tardaron en dar con Lao.

El joven cantero fue rematado en Cabo Home. Es sumamente sorprendente percatarse de como, aún en unas condiciones tan precarias, el muchacho fue capaz de caminar una decena de kilómetros entre el lugar de la paliza inicial y el que sería su tumba. El joven cantero suplicó por una muerte rápida que no le fue concedida. Murió entre gritos, apuñalado por las bayonetas de los falangistas, que dejaron su cuerpo sin vida tirado en las rocas contra las que se bate el mar.

Con los cuerpos hundidos en medio de la Ría de Vigo, sumergidos en las más oscuras profundidades de la misma agua salada que baña nuestra villa, el crimen podría haber sido enterrado por el paso del tiempo, pero no fue así

Sin embargo, como si la propia naturaleza se compadeciera del terror de la represión, el 9 de noviembre del mismo año de las ejecuciones, un barco faenaba muy cerca de tierra firme cuando enganchó algo su rizón.

Cinco de los cadáveres afloraron en la superficie para confirmarle a los cangueses sus sospechas sobre lo que ya sabían, sobre las atrocidades de las que eran responsables los sublevados. Las familias de los asesinados se arrodillaban para contemplar los cadáveres, desoladas. Muchas otras se dirigían al lugar con la esperanza puesta en que apareciesen sus familiares, arrebatados de sus hogares y en paradero desconocido. Todo esto bajo la atenta mirada de los carabineros, pues pronto apareció la Guardia Civil para despejar la zona y ordenar a todo el mundo que se fuese del lugar. Se dice que los cadáveres fueron llevados de vuelta a la Ría, para que, esta vez sí, no volviesen a salir a flote nunca más. Los cinco elegidos por los caprichos del azar para regresar de entre las profundidades fueron: Antonio Ferreiro, Normandino Núñez, Daniel González, Antonio Blanco y José Martínez. 

Hoy en día, los nombres de los once mártires están todos registrados en un monolito en el Anguieiro (lugar de la ejecución, visitable en la carretera que conecta Cangas con Pontevedra, a la altura de la Capilla de San Cosme). Allí es donde se suele celebrar anualmente un homenaje y una ofrenda floral, en reivindicación y defensa de la memoria histórica, la libertad y la democracia. 

LOS MARTIRES DE ANGUIEIRO

A modo de conclusión, podemos señalar que estas once voces apagadas forman parte de las aproximadamente cincuenta (de las que a día de hoy se tiene constancia) de las cobradas por la represión franquista y su levantamiento militar en Cangas del Morrazo.

Sin embargo, jamás podríamos cuantificar todas las almas destrozadas por ver como sus seres queridos se debilitaban paulatinamente en las cárceles, por perder a sus hijos, amigos y amantes en garras de los sublevados. Es necesario hacer eco de los crímenes de la humanidad para que nunca más se repitan.

LOS MARTIRES DE ANGUIEIRO

Quiero dedicar este artículo a  Ana, futura promesa del mundo de la cultura, riquiña e inteligente a partes iguales, por ofrecerse a darle una lectura a los resultados de mi investigación y ayudarme a crecer.

A todos los que padecieron en la lucha por la libertad y a la memoria, que es tarea de todos.

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