Dona Dolores López Saavedra e o seu marido Don Luis López Guitián. Señores da casa do Rosal retratados por José Gil en 1907.

LAS CASAS HIDALGAS GALLEGAS: LA CASA DE O ROSAL

Texto elaborado por Óscar Rodríguez Martínez, socio de A Illa dos Ratos.

A lo largo del Antiguo Régimen, la pequeña nobleza rural gallega tenía en la posesión de la tierra su principal y casi exclusivo generador de recursos económicos con los que luego disfrutaba de un indiscutible prestigio social.

Fue ya en el siglo XVI cuando comenzaron a surgir las grandes casas hidalgas gallegas. Mediante ventajosos acuerdos con las instituciones eclesiásticas y la nobleza titulada, estas nuevas élites conseguían una serie de tierras que luego cedían a campesinos a cambio de una renta más elevada mediante un contrato de foro.

La transmisión del patrimonio familiar que se iba acumulando se hacía por completo a uno solo hijo, por lo general al primogénito varón, en forma de mayorazgo.

Esto permitía mantener casi sin fisuras y durante varios siglos todo el poderío acumulado por el linaje. Además, este patrimonio podía verse incrementado mediante compras o ventajosos matrimonios endogámicos, algo muy común en ese estrato social.

Un caso que nos sirve para ilustrar esta política hereditaria mediante mayorazgos es el de la “Casa de O Rosal”, concretamente nos vamos a centrar en la unión matrimonial de D. Álvaro Suárez de Deza y Dña. Constanza López de Romai, que vivieron entre finales del siglo  XVII y principios del XVIII.

El patrimonio resultante de esta unión fue considerable desde el momento del enlace. Cada uno de los cónyuges aportaba a la sociedad matrimonial los bienes heredados de sus respectivos ancestros pero, además, fueron adquiriendo nuevas propiedades durante el matrimonio, casi siempre mediante compra de bienes y tierras a otros parientes.

En el momento de legar este importante patrimonio, dado que no tenían descendencia, designaron como heredero a su sobrino Gonzalo Saavedra Romai que recibiría ese gran patrimonio en forma de mayorazgo, lo que sirvió para poner los cimientos de la que sería la Casa de O Rosal.

Con el paso del tiempo este patrimonio se debió ir incrementando hasta llegar a las cantidades recogidas en un inventario post mortem de D. Nicolás Saavedra, en el 1703, que permite afirmar que por esas fechas la Casa de O Rosal era una de las más ricas y poderosas del Morrazo e incluso de toda la ría de Vigo.

El linaje de los Saavedra continuaría acumulando patrimonio y enseñorando la Casa de O Rosal hasta principios del siglo XX cuando Doña Dolores López Saavedra y su marido D. Luis López Guitián fallecieron sin tener descendencia directa. Su legado recaería en los tres hijos varones de una hermana de Dña Dolores llamada Dña Purificación que estaba casada con el escritor y abogado santiagués D. Amador Montenegro, iniciándose así un nuevo linaje.

Los Montenegro estuvieron al frente de la casa hasta finales del siglo XX cuando los herederos fraccionaron y vendieron la casa-pazo y los terrenos lindantes dando origen a la urbanización de O Rosal. 

El Pazo de O Rosal como centro de producción agraria y de las relaciones económicas

Además de ser la residencia de los señores, el pazo constituía un importante centro de producción agraria sobre lo que también giraban todas las relaciones económicas propias del régimen señorial.

Desde allí los Saavedra únicamente llevaban un control directo sobre los bienes del Morrazo, sobre todo en el referente al cobro de rentas, pero también en relación a diversas inversiones como la compra de molinos o la práctica de empréstitos a los campesinos que se veían necesitados y que muchas veces no podían atender los pagos y acababan vendiéndoles sus tierras a los prestamistas para saldar las deudas contraídas.

La edificación del Pazo de O Rosal sufrió muchas reformas a lo largo del tiempo

Aunque resulta muy complicado conocer el cúmulo de arreglos, ampliaciones y mejoras de la edificación, lo que sí está documentado es que el edificio original fue levantado en el 1640, coincidiendo con la llegada del linaje de los Saavedra.

El pazo se situó estratégicamente en una cumbre de 57 metros de altura  que le permitía a los señores mantener dominado el territorio de influencia.

Con posterioridad el edificio también se acompañó de una capilla en la honor a San Gregorio que, hasta bien entrado el siglo XX, contaba con gran devoción popular entre la población de la zona.

Óscar Rodríguez Martínez
Presidente A Illa dos Ratos en | + artigos

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