LA REVOLUCIÓN LABORAL QUE EXPLICA LA TRANSFORMACIÓN DE MOAÑA DE ALDEA MARINERA A CIUDAD COSTERA.

Texto elaborado por D. Manuel Pérez Rúa, sociólogo y autor de la tesis doctoral “Creación y transformaciones de la ciudad litoral: Moaña, 1950-1987. Política, urbanismo, vivienda y sociedad ”. Fotografías cedidas por AC Nós.

En el interior de Galicia hubo un proceso conocido como desagrarización, que abrió la puerta al trasvase social entre el campo y la ciudad, lo que supuso una mejora sustancial en la calidad de vida de los agricultores desde mediados de los años 50 del siglo XX a través sobre todo de la emigración a las grandes ciudades españolas y europeas.

En la costa de Galicia, en paralelo, hubo otra diáspora laboral masiva, menos conocida, donde Moaña tiene un lugar principal por representar un modelo completo de desmarinerización, cuando la «gente de la patela» cambia su modo de vida económico, mayoritariamente la pesca de bajura, por la mejora laboral con la que lograrían un progreso económico, personal y familiar imprescindible para comprender la evolución económica, urbanística, social y residencial de Moaña en ese momento.

Fueron los primeros pasos en la transformación de una aldea marinera con casi dos mil marineros registrados, en una ciudad litoral.

José Pazó Rodríguez, el creador de la aventura oceánica de Moaña

La importancia de José Pazó Rodríguez (Moaña, 1897-1960) aún no tiene reconocimiento oficial en esta segunda década del siglo XXI, ni suficiente conocimiento social o mediático en la propia localidad, salvo en la silenciosa memoria de cientos de marineros moañeses a quienes les abrió la puerta para iniciar su proceso de internacionalización laboral en tiempos de privación económica y dictadura política.

JOSÉ PAZÓ RODRÍGUEZ
José Pazó e Isabel Martínez (1935).

Cuando la Compañía Transatlántica Española (en adelante, CTE) que disponía de los barcos a motor «Guadalupe» y «Covadonga» con escalas en los muelles del norte de España, Nueva York, Cuba y México, el buque «Marqués de Comillas» entre el norte de España y Centro América, y los buques “Virginia de Churruca”, “Satrústegui” y “Habana” entre el Mediterráneo y Centroamérica), decide realizar una ampliación de capital de 200.000.000 de pesetas, el Banco Exterior de España -uno de los suscriptores de la deuda- nombra a José Pazó miembro del Consejo de Administración de “Transatlántica” como Consejero Delegado.

El Pazó que se embarcó en el puente de mando de la naviera en 1955 había sido, era o llegaría a ser Inspector de Hacienda, docente y financiero, miembro del Consejo de Administración del Banco Exterior de España (1953), Motor Ibérica SA -Ford Motor (1954), Manufacturas Metálicas Madrileñas S.A (1959), Dugopa S.L o Banco Mercantil e Industrial (1960).

Bajo su dirección, en 1957 la CTE adquirió las turbonaves Castel Bianco -construido en 1945 en Baltimore (EE.UU.) – y Castel Verde – construido en 1945 en Los Ángeles (EE.UU.) -, barcos a su vez adquiridos de segunda mano por Italia a EE. UU en el lote del esfuerzo bélico norteamericano para la logística de la Segunda Guerra Mundial. Rebautizados como Begoña (940 pasajeros) y Montserrat (822 pasajeros), ambos son transformados para intentar ser «la vanguardia del tráfico de emigración», especialmente a Venezuela.

JOSÉ PAZÓ RODRÍGUEZ
El barco Castel Bianco a mediados de la década de 1950.

Estos dos barcos necesitaban una plantilla de 351 personas . Durante su andadura bajo las siglas de la CTE necesitaban reformas continuas, tuvieron averías cada vez más graves, siendo afectados también por la competencia de otras navieras en el mercado mundial de pasajeros o la progresiva implantación de la navegación aérea pero siguieron dando trabajo a una parte importante de los exmarineros moañeses de bajura hasta quedar fuera de servicio, el “Montserrat” en 1970 y el “Begoña” en 1973.

Gracias a la intervención de José Pazó, muchas personas de Moaña que se dedicaban a la precaria pesca de bajura se enrolaron en los barcos de la CTE como camareros o incluso ayudantes de cocina

A través de la intervención de José Pazó, Moaña tuvo la oportunidad de ir enrolando, especialmente en los transatlánticos Montserrat y Begoña así como en otros buques del CTE o -en menor medida- de Campsa, a una importante cantidad de trabajadores, provenientes en su mayor parte del mundo marinero de la pesca de bajura, reubicados como marineros, camareros, ayudantes de cocina, etc., que formaron parte de la plantilla durante el período 1957-1975 .

En la travesía inicial del Montserrat en 1957, de un total de 115 empleados subalternos (marineros, camareros, etc.), entre medio centenar y sesenta personas, son del municipio de Moaña. Se estima que entre 1957 y 1975 fueron entre cien y doscientas personas de Moaña las que se embarcaron en la Transatlántica. Supuso un cambio radical en la cultura histórica de contratación de la empresa porque la mayoría de las tripulaciones de la CTE procedían de Cantabria y del País Vasco desde el siglo XIX.

A partir de los cambios introducidos por José Pazó en 1957, el personal subalterno de los transatlánticos mencionados será tripulación gallega, en su mayor parte perteneciente al municipio de Moaña. En voz de uno de los marineros protagonistas del cambio «en Moaña había una revolución, todo el mundo se embarcó» .

Como todas las migraciones, esta primera vía produce un efecto llamada. La red de colocación moañesa de marineros se fue extendiendo geográficamente desde un primer círculo de familiares y vecinos de José Pazó procedentes principalmente de los barrios de Quintela y A Canexa, hasta el resto de parroquias de Moaña, Meira y Tirán.

A medida que pasa el tiempo y el nivel de educación lo permite, la red incluye a personas con mejor educación reglada, cuadros cualificados en el puente de mando, administrativos, electricistas, mecánicos, etc.

Comparando la inestabilidad salarial que representaba la pesca de bajura, dependiente de las condiciones climáticas y las fluctuaciones en el precio de venta del pescado, la entrada en la Transatlántica significó un cambio importante en la forma de salarización, modesta pero lo suficientemente estable como para permitir pensar en un proyecto de vida.

Con menos de un lustro de actividad profesional en la dirección del CTE, Pazó fue la persona que abrió la primera puerta al importante excedente de profesionales marineros que se estaba produciendo en Moaña en la década de 1950 durante las crisis cíclicas de la pesca del día.

Esta revolución laboral es paralela en el tiempo a la muerte de veintiséis marineros de Moaña en el hundimiento del pesquero de bajura Ave del Mar en 1956. A partir de 1957 varios familiares o allegados a las familias damnificadas también son enrolados en la CTE.

Tras la muerte de José Pazó en 1960, la red de colocación laboral moañesa en la CTE se mantuvo activa a través de su viuda o de la “carta de recomendación” de su media hermana Isabel Parada Rodríguez.

Esta primera salida permitió a nuestros marineros información internacional para comparar las condiciones laborales, económicas, políticas y de vida de muchos muelles y países del mundo

En definitiva, aumenta sustancialmente el nivel de renta, movilidad social, profesional e internacional de la población activa de Moaña, facilitando una importante línea de llegada de nuevos capitales a la localidad durante las dos décadas que vieron nacer el barrio de O Real, el urbanización de las dos grandes vías de la Moaña litoral, la Iglesia del Carmen, el cine Prado, el abastecimiento municipal de agua o el colegio de Reibón, entre otras obras que sentaron las bases de una nueva centralización y cultura social cada vez más urbana.

JOSÉ PAZÓ RODRÍGUEZ
José Pazo e Isabel Martínez en Madrid. Foto Peñalara (1950).

Cuesta entender el olvido de la figura de José Pazó Rodríguez a pesar de su relevante papel en la mejora de la vida de sus vecinos y como mediador ante la Administración Central por los intereses de Moaña

El silencio oficial de la Administración Pública Local durante los sesenta y un años desde el fallecimiento de José Pazó Rodríguez hasta el día de hoy ha sido difícil de entender para muchos navegantes relacionados con la Transatlántico ya que es extraño encontrar alguna familia que no tenga relación directa, indirecta, de vecindad o de conocimiento del proceso de embarque de cientos de moañeses en dicha empresa.

Si bajamos en la escala del tiempo hasta los años 50 del siglo pasado, cuando la Administración Local de Moaña era (casi) una Unidad de Carencias Intensivas, el olvido oficial posterior fue de tal magnitud que se pasó por alto la importancia de José Pazó Rodríguez en la creación. y desarrollo de nuevas infraestructuras, servicios o dotaciones públicas a través de su mediación ante la Administración Central favorecida por su importante red social de contactos.

Su papel de embajador y negociador de los intereses del Ayuntamiento de Moaña en Madrid, reiteradamente reconocido en documentación pública, nunca fue cumplimentado en un acto formal por las instituciones más importantes de la época: la Cofradía de Pescadores y el Ayuntamiento.

La primera referencia al largo y repetido olvido aparece cuando la Cofradía de Pescadores de Moaña nombró a José Pazó como socio de honor de la Cofradía de Pescadores en 1953 por «exitosos esfuerzos en los intereses de Moaña».

En 1954, el Ayuntamiento de Moaña le otorgó honores en forma de nombramiento como alcalde honorario y miembro de honor de la Corporación, por su papel ante la Administración Central.

Por tercera vez, ante la noticia de su fallecimiento en 1960, el Ayuntamiento declara su condolencia, manifestando el agradecimiento de una institución local a la que “siempre se recurría en demanda de apoyo para los distintos ámbitos de la Administración en los que atendía con el mayor interés «.

Aún en 1961, la Cofradía pidió por escrito al Ayuntamiento que «dedicara la calle Canexa, desde la Caja Municipal de Ahorros de Vigo a la capilla que había hecho construido en Quintela», a José Pazó, gestión que nunca se llevó a cabo.

La quinta y última campanada de los honores en papel oficial se produce en 1970 cuando se crea, ex novo, la medalla de oro de Moaña, accediendo a otorgarla a José Pazó Rodríguez, acto que también se fue en el bambán del tiempo.

Quintela: cuna, féretro, memoria, reconocimiento

Tras una breve estancia en el Cementerio Municipal de Moaña, en el panteón de mármol negro donde descansa su media hermana Isabel Parada Rodríguez, los restos de José Pazó Rodríguez fueron trasladados en 1960 a la capilla que él había hecho construir cerca de su casa de Quintela. En esta capilla de vidrieras policromadas, referente en la historia de Moaña, hay una puerta abierta por la que, hasta hace muy poco, se veían dos velas encendidas en su memoria.

JOSÉ PAZÓ RODRÍGUEZ
José Pazó y su esposa en un bautizo unos años antes de su muerte.

A medida que la historia avanza y se enreda, tejiendo biografías hechas de piezas, paradojas, fantasmas, leyendas y contradicciones, los giros y vueltas del pasado han hecho que tanto la casa de José Pazó Rodríguez -ahora remodelada Galiña Azul de los pequeños y pequeñas de Moaña- como la capilla donde reposa su cuerpo, sean propiedad del Ayuntamiento de Moaña, institución que procederá a corregir las cinco veces que se le ha negado el reconocimiento formal a una persona que forma parte de la historia, identidad y herencia de las clases más humildes de Moaña. 

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