UNA CANGUESA VALIENTE Y DEFENSORA DE LOS DERECHOS DE LAS TRABAJADORAS

Texto elaborado por Óscar Rodríguez Martínez, socio de A Illa dos Ratos. Fotografías cedidas por la A.C. A CEPA.

La fotografía de Lola Rodal Blanco forma parte del proyecto «Rostros da memoria», expuesto en su día en Cangas, y fue cedida para esta publicación por su autor, el fotógrafo Xurxo Lobato.

Dolores Blanco Montes (1885-1947) fue una canguesa que tuvo una vida muy intensa, entregada al trabajo y a la defensa de los derechos de las mujeres trabajadoras canguesas.

Empezó a trabajar desde muy pequeña como redera y atadera, repasando las redes de pesca y reponiendo las boyas, corchos y plomos de los aparejos pesqueros y, con el paso del tiempo, también fue empleada en las conserveras del pueblo.

Su hija Lola Rodal Blanco dedicó toda su vida a defender la memoria de Dolores Blanco Montes

©xurxolobato

Dolores Blanco Montes vivió durante muchos años en el número 10 de la calle Rúa Nova de Cangas.

En esa misma casa nació en el año 1921 su cuarta hija llamada Lola Rodal Blanco que durante la dictadura franquista tuvo que sufrir en primera persona el escarnio público por ser hija de la “Pasionaria de Cangas” como apodaban a su madre. 

Lejos de sentirse avergonzada, Lola hizo todo lo posible a lo largo da su vida para que la historia da su madre no cayese en el olvido. Y lo consiguió.

Después de años de lucha pudo ver con orgullo como la figura de su madre estuvo muy presente en un acto que la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia organizó en Santiago de Compostela en el año 2006 para homenajear a las mujeres víctimas de la represión franquista.  

Una mujer luchadora y defensora de los derechos de las trabajadoras

Por aquella época las mujeres eran mayoría en las fábricas de conservas y en los oficios auxiliares, como la fabricación de las redes, y como no podía ser de otra manera, se vieron influidas por los movimientos sociales y políticos de comienzos del siglo XX.

Dolores Blanco Montes estuvo siempre muy vinculada e implicada en esos movimientos que defendían los derechos de los trabajadores y especialmente de las trabajadoras. De hecho, ya durante a dictadura de Primo de Rivera, fue apresada en varias ocasiones por participar en distintas movilizaciones donde se denunciaban los abusos que cometían los patrones con sus empleadas.

También se reivindicaban cosas que hoy en día nos parecerían tan razonables como el establecimiento de mejoras salariales o de una jornada laboral de 8 horas.

En este sentido la realidad era bastante dura porque que las ataderas de Cangas trabajan a veces hasta 13 horas al día con sueldos muy bajos, cuando en el lado sur de la ría las empleadas trabajaban 8 horas y cobraban más.

Dolores Blanco Montes participó en la creación del sindicato de mujeres “A Reivindicadora”

En enero de 1935, al amparo de un clima más propicio para esas demandas por la llegada de la II República, surgió de manera natural el sindicato femenino Sociedade de atadeiras e conserveiras “A Reivindicadora”.

Esta agrupación nacía afiliada a la UGT y defendía unas ideas próximas al Partido Comunista que por aquellos tiempos ya tenía una presencia efectiva en Cangas. Dolores Blanco Montes no dudó en asumir junto a Olivia Calvar la co-presidencia de esta nueva institución que tendría inicialmente su sede en el barrio de O Forte.

Las  primeras actividades del sindicato se centraron en tratar de establecer, sin mucho éxito, una mesa de diálogo con los armadores y fabricantes para lograr la firma de unas bases de trabajo, es decir, de un convenio colectivo.

También denunciaron públicamente los abusos sufridos por las obreras de las conserveras o los despidos que los empresarios ordenaban cuando alguien protestaba por situaciones a todas luces injustas desde el punto de vista laboral.

En una de las movilizaciones se produjeron graves altercados. Se presentaron denuncias por insultar e amenazar a varias obreras de la fábrica de Eiroa, y una vez más, acabaron por detener a Dolores Blanco Montes que en aquellos momentos era la presidenta de las trabajadoras de las conserveras.

«A Reivindicadora» consiguió traer a Dolores Ibárruri “La Pasionaria” a un acto en Cangas

El 11 de noviembre de 1935 “A Reivindicadora” organizó un acto público en el local de la Alianza Mariñeira al que acudió “La Pasionaria” (Dolores Ibárruri) que dio un gran discurso recibido con mucho entusiasmo y cariño tanto por las mujeres del sindicato como por algunos militantes comunistas cangueses y de la comarca.

Este mitin inspiró a las integrantes de «A Reivindicadora» hasta el punto de que como veían que con las movilizaciones no conseguían la ansiada jornada laboral de 8 horas, decidieron en asamblea no trabajar hasta que la sociedad de armadores por lo menos les aumentase su retribución.

Esta gran huelga supuso la consagración de la mujer en la vida sindical y política de Cangas. Se inició el 17 de diciembre de 1935 y acabó en marzo de 1936, viéndose afectados 23 establecimientos por la acción de unas 130 huelguistas.

Durante este período existió una gran confrontación entre las asociadas al sindicato y las no asociadas porque estas últimas no querían secundar la huelga, pero aun así fue todo un éxito.

Con el alzamiento militar de 1936 “A Reivindicadora” fue disuelta y Dolores Blanco Montes detenida

Tanto “A Reivindicadora”, sindicato de las ataderas y empleadas de las conserveras, como  “A Alianza Mariñeira de Cangas”, que agrupaba a los marineros de la villa, fueron disueltos con el alzamiento militar de 1936.

Nuestra protagonista no se libró de las represalias por haber pertenecido a esos movimientos sociales. Lo sabemos gracias a lo que contaba su hija Lola Rodal Blanco: “Después del alzamiento, los falangistas patrullaban el centro de Cangas por las noches metiéndole el miedo en el cuerpo a la gente. La noche del 11 de agosto de 1936 no se me olvidará en la vida. Se presentaron de madrugada en nuestra casa con intención de llevarse a mi madre. Estaba sola con mi hermana y yo porque mi padre, José Rodal Lanzós “O Marrixo”, activista de “A Alianza Mariñeira”, ya había sido detenido”.

Con la escusa de llevarla a declarar al cuartel de la Guardia Civil, sacaron a Dolores Blanco Montes de la casa descalza y cubierta únicamente con un mandilón. De camino al coche, Dolores observó que había otra mujer dentro y eso la hizo sospechar que la cosa no iba a ser como le habían dicho. Preguntó y los guardias le dijeron que iban a llevarlas a Pontevedrasin más explicaciones iniciaron el viaje.

El coche paró mucho antes, concretamente en una curva de Mogor, cerca del edificio del antiguo matadero que aún se conserva a día de hoy. Uno de los guardias sacó del coche a la otra mujer y se adentró con ella en el monte.  De repente se escuchó claramente un grito desgarrador y un disparo.

La pobre Dolores estaba asustada. Tenía claro que si la otra joven había sido asesinada, había muchas posibilidades de que ella corriese la misma suerte. En ese preciso momento, el otro guardia, que la conocía,  cruzó una mirada con ella, la agarró y le disparó en un brazo mientras le decía “marcha para Cangas, camina, camina”. Ella le hizo caso inmediatamente y escapó coma un rayo.

Los días siguientes fueron muy duros para Dolores porque además de estar herida tuvo que vagar por los montes sin comida, con sueño, fiebre y bebiendo de los regatos.

Buscaba el camino de vuelta a su casa, pero sabía que no podía acercarse a los núcleos habitados porque los falangistas seguramente correrían la voz sobre ella como «una mujer peligrosa que se había escapado de la Guardia Civil y que vagaba herida por el monte». Posiblemente incluso dirían que iba armada para justificar un posible disparo contra ella, con lo que cualquier desconocido que la detectase podría entregarla por miedo.

En un momento de lucidez, Dolores Blanco Montes recordó que cerca de donde se encontraba vivía una joven que había trabajado con ella en la fábrica. Se movió sigilosamente hasta que la encontró y consiguió convencerla para que la ayudase desplazándose hasta Cangas para avisar a su familia de su desesperada situación.

Una vez recibida la noticia, sus familiares pensaron un plan para traerla de vuelta. Hablaron con un hombre apodado el “Piñeireiro de Loira” que repartía gaseosas  por todo  el Morrazo en un coche de caballos y lo convencieron para que la metiese escondida entre la mercancía. Después de las penurias vividas durante esos tres días, por fin Dolores Blanco Montes volvía a Cangas y se escondía en la casa de unos familiares en Síngulis.

Pero los falangistas se enteraron de su regreso y no estaban dispuestos a dejar las cosas así. Volvieron a por ella la noche siguiente con intención de apresarla pero esta vez, gracias a la intervención de algunos vecinos, solo le tomaron declaración, aunque decidieron que a partir del día siguiente tendría un guardia día y noche en la puerta de la casa familiar.

Un par de meses después decidieron prenderla y conducirla a la Escuela Normal de Pontevedra que después del alzamiento había sido habilitada como cárcel. Allí estuvo durante un año y medio hasta que fue juzgada en Consejo de Guerracondenada por rebeldía a 12 años y 1 día. Como era costumbre, la pena tendría que cumprirla lejos de su tierra. Lola fue enviada al penal de mujeres de Saturrarán (Guipúzcoa), atendido por monjas.

Balneario de Saturrarán en Guipúzcoa que fue reconvertido en una cárcel para mujeres por la que pasaron más de 4.000 presas políticas desde 1937 hasta 1944.

Mientras estuvo en la cárcel, su compañero José Rodal Lanzós estuvo preso en San Simón y luego en el Fuerte de San Cristóbal en Pamplona. Uno de sus hijos fue asesinado, otro tuvo que marcharse exiliado y sus hijas pequeñas tuvieron que trabajar duro para enviarles comida a la cárcel a sus padres.

En 1942 le fue conmutada la pena por motivos de salud. De retorno a su casa quisieron desterrarla a 60 km de Cangas, algo que evitó gracias a la mediación de su familia. Enferma de diabetes tras su larga estancia en prisión y ante las condiciones a las que estuvo sometida, falleció a la edad de 62 años en 1947.

Como consecuencia de la guerra llegó el hambre y la miseria a Cangas. Las mujeres más jóvenes, en un contexto social muy diferente, tuvieron que dejar a un lado ese carácter reivindicativo y se conformaban con ir a servir a Vigo o a trabajar con salarios muy bajos en las fábricas de conservas o de ataderas.

La historia de Dolores Blanco Montes y su hija Lola Rodal es un ejemplo de una etapa de represión vivida en nuestro país y que toda la población, especialmente la de Cangas, debería conocer para que algo así no vuelva a repetirse nunca más.

Óscar Rodríguez Martínez
Presidente A Illa dos Ratos en | + artigos

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable A Illa dos Ratos.
  • Finalidad  Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Tu consentimiento.
  • Destinatarios  Dinahosting.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puedes consultar la información detallada en la Política de Privacidad.