EL FUNCIONAMIENTO DE UN MOLINO DE RÍO

Texto elaborado por Liliana Cancelas Gargamala. Socia de A Illa dos Ratos y Guía Oficial de Galicia.

Los molinos de río son aparatos que emplean la fuerza de un río o arroyo para poder moler

Su funcionamiento es sencillo y complicado a la vez: primero el agua tiene que ser desviada del curso natural del río para conseguir un caudal controlable.

Para eso se construye un canal de piedra que puede tener distintas longitudes dependiendo de lo alejado que esté el molino del río. En los ríos con poco caudal el agua es represada para obtener la cantidad suficiente antes de ser conducida por el canal para mover el molino.

En el caso de que haya demasiada agua, el canal cuenta con una hendidura lateral (aliviadoiro) para que pueda desbordar.

Al llegar al molino el agua pasa por una especie de reja (gradicela) que sirve para colar el agua y que quede libre de palos o de otros objetos que puedan estropear el molino.

La última sección del canal está inclinada para que el agua baje con fuerza y pase por la biqueira, una pieza de piedra o madera (sateira) estrecha para que el agua salga aún con más presión, regulando el caudal que finalmente accionará el rodicio.

El agua mueve el rodicio y pone en marcha el molino

Esta pieza es fundamental. Se trata de una rueda horizontal de hierro o madera con radios en forma de “cucharas” que al ser golpeados por el agua que cae por el canal pone en marcha el resto de los elementos del molino: primero el eje vertical (vara) que traspasa el movimiento del infierno (planta inferior del molino) al tremiñado (planta superior) para mover la capa, pieza de piedra circular que gira sobre el pie (que está fijado al suelo y no se mueve) triturando el grano al rozarse estas dos piezas con una distancia perfectamente calculada.

Solo resta introducir el grano en la moega, un cajón de madera colgando del techo con forma de pirámide invertida, que conduce el cereal hasta la quenlla, un pequeño canal de madera unida a uno o varios cacarexos.

Estos son unas simples varas que, al estar en contacto con la moega y la capa, hacen que la vibración de esta última al girar haga temblar la moega, provocando la caída del grano en el ojo de la muela. No cae al infierno porque el eje cuenta con una pieza de hierro o madera (buxa) que lo impide.

Está todo pensado. Así, desde el centro, el grano se irá distribuyendo entre las dos piedras del molino, la capa y el pie, para irse moliendo y convertirse finalmente en la deseada harina.

La harina resultante, en los molinos más modernos, puede ser recogida en un cajón que rodea la capa o, tradicionalmente, caer al suelo del tremiñado, de donde se barrerá. Pero no toda la harina resultante tiene la misma calidad. Podemos obtener:

  • Óleo, que es la que queda más cerca de la maquinaria, la más fina y blanca (por eso se usaba para las papas de los niños)
  • Míllara o farelo, la que cae algo más lejos del pie, que no es tan fina
  • Y, por último, el picón, la que cae más lejos del molino, granos machacados poco apreciados que contienen restos de cáscara, usados sobre todo para alimento de los animales.

Una vez terminada la molienda, había que parar el molino. Para eso se contaba con diversos métodos, entre ellos o pexadoiro, que es una pieza habitualmente de madera que impide el paso del agua hasta el rodicio deteniendo de esta manera también el movimiento de la capa.

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